China –que ya creó la política de prevención del SIDA entre homosexuales hace unos años- evidencia signos de despertar a la tolerancia y vuelve a sus antiquísimos orígenes.
Ya antes de Confucio y Lao-Tsé existía un poema –“Shi jing”- que trataba la homosexualidad abiertamente, sin prejuicios; y en el siglo VII a.e.c , durante la época del confucianismo -que trataba la ciencia del comportamiento socia-l existían más de 3.000 poemas y cantares que alababan las relaciones entre el mismo sexo y la tolerancia. Nunca se consideró enfermedad, ni locura ni defecto psicológico. Era una identidad más. Hubo un hijo del emperador abiertamente homo y la primera dui shí (lesbiana) conocida –Chen a jiao- fue una mujer de la dinastía Han que nació como princesa. La denominación podría traducirse como “comerse con la mirada”. Y para los chicos el sinónimo era “camarada”, tong zhi. En este tiempo se escribían libros sobre el tema, especie de kamasutras como “El Chun gong tu” (sobre arte y posturas eróticas con ilustraciones), y en los gineceos de los palacios imperiales y en lo baños públicos se practicaba sin culpabilidad ninguna, entre mujeres y entre hombres. Algo similar a nuestra cultura griega. Incluso los hombres mayores y/o ricos tenían su acompañante., su “shutong”, a veces un estudiante-ayudante- pupilo. Es en la dinastía Tsing (1644-1912) donde la homosexualidad llegó a su máximo reconocimiento social, siendo abierta y pública entre hombres de clase alta y actores de la ópera china.
Ahora, las dui shí se llaman lalas. Y –sobre todo- en Pekín y Shanghái salen, se reunen, bailan, brindan con cerveza Tsingtao y se divierten los sábados en el Feng Bar, el principal punto de encuentro en la capital china para las lesbianas, que apenas tienen sitios para reunirse. Según un estudio, el 50% de las lesbianas sufre violencia o rechazo de sus padres y por ello guardan su identidad clandestinamente. Serlo es un tabú social en China, un país de sociedad conservadora donde importa la buena moral, basada en la familia y el matrimonio, y aunque la homosexualidad dejó de ser considerada oficialmente una enfermedad en 2001, sigue siendo "un símbolo contrario a la moral tradicional", dice Xu Bin, una ingeniera pekinesa de 37 años y fundadora de una de las primeras asociaciones de lesbianas de China: Tongyu, que significa "lenguaje común". Ella cuenta que las lesbianas no pueden visitar a su pareja en Cuidados Intensivos por no ser parientes.
No existen cifras oficiales sobre homosexualidad en China, pero podrían ser alrededor de 100 millones o más ya que la mayoría de los homosexuales no lo reconoce públicamente. En el 2004, dice Xu China tenía alrededor de 50 organizaciones gays, la mayoría destinadas a la prevención del sida, pero ninguna para lalas. Ella tuvo su primer contacto con el activismo feminista y homosexual en América y decidió poner en marcha Tongyu para fomentar la cooperación entre mujeres homosexuales, preparar campañas informativas y ofrecer ayuda legal o psicológica en China.
Sus padres aceptan que su hija sea lesbiana, pero prefieren vivir de espaldas a ello. Tampoco les ha presentado a su novia, con la que comparte su piso en el norte de Pekín. "No les culpo. Pertenecen a otra generación", añade, es lógico: la influencia de los valores tradicionales en la cultura china explica la poca aceptación social Pero es evidente que la situación está mejorando gracias a la apertura política y al mayor acceso a la información con Internet .
El bar más conocido para las lesbianas es el Feng Bar (El Arce), fundado por una cantante homosexual de 28 años, Qiao Qiao. En 2006, su canción Ai Bu Fen (El amor no discrimina), se convirtió en un éxito en Internet, la única vía para saltarse la censura oficial en un país donde cualquier referencia a la homosexualidad en la producción audiovisual y literaria, a excepción de la académica, está prohibida: "Los políticos tratan de proteger la buena moral", pero esto no justifica que la ley china no proteja los derechos fundamentales de los L.G.B.T. En China, los L.G.B.T también tienen dificultades para visitar a su pareja en la UCI del hospital, ya que la ley no reconoce ningún vínculo de parentesco o sentimental entre ellos y tienen prohibido donar sangre. Tongyu también ofrece asistencia emocional a centenares de lesbianas obligadas a reprimir su homosexualidad por miedo al rechazo social, forzadas a casarse o víctimas de agresión doméstica.
"Es muy difícil ser lesbiana en la vida diaria", opina Xiaolu, aunque también se han realizado bodas simbólicas y divertidas entre mujeres. Mientras dos parejas de mujeres bailan en la pista del Feng Bar hasta el anochecer, libremente. Son parte de la mitad del Cielo.
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