El "sistema" ha alcanzado tales niveles de deterioro y desprestigio que ya sólo los que viven bien o simplemente desahogados, tienen propiedades o asegurado el presente y el futuro pueden creer en él. Las inyecciones monetarias y los sinapismos que los gobiernos le inoculan no sirven más que para sostener el statu quo de los anteriores, enriquecer más y más a los gestores de los mercados, y retrasar su derrumbamiento.
A pesar de ello ni los poderes fácticos ni los institucionales están dispuestos a una reconstrucción de la sociedad a partir del marxismo o del socialismo real o del comunismo. Bien. Pero los razonables habrán de reconocer que lo que está pidiendo a gritos la sociedad capitalista, y especialmente la española, es un cambio profundo de mentalidad, una mutación de la filosofía política, económica, jurídica y judicial, toda en una, en toda la sociedad. El "sistema" ya no puede sostenerse por más tiempo y funcionar "sólo" a base de pillaje, de injusticia social, de robar energía a los pueblos y de esquilmar los recursos del planeta. Lo que no sé es cómo conseguir ese cambio de mentalidad en poco tiempo. Pero en todo caso ahí estáel movimiento de los Indignados que aún todavía confuso, basta para considerarlo como una sacudida a las conciencias para conseguir el cambio que España y el mundo necesitan; del mismo modo que el Mayo del 68 fue un potente revulsivo para otros aspectos de la vida social. Con la diferencia que éste, el del 15M, es mucho más profundo.
En efecto. Mientras el proceso económico, la producción y el empleo dependan del consumo; es decir, mientras que a medida que aumenta el paro se reduzca el consumo y la producción -lo que genera más paro y vuelta a empezar-, no saldremos de una espiral que impide ver la necesidad imperiosa de la austeridad y sus ventajas. Porque no resulta difícil entender que es imposible creer ya en el pilar del capitalismo: el crecimiento económico indefinido e infinito, o el desarrollo sostenible que es insostenible; creer en que el "crecimiento" hacia "arriba", en lugar del reparto del volumen a lo ancho y hacia los lados que significa la justicia social distributiva, es el motor del sistema económico y social. El ansia de esa clase de "crecimiento" es lo que hay que extirpar de la filosofía del poder y cambiarla por otra cosa.
Por eso, porque la austeridad es el principio rector de las sociedades comunistas, los indecentes campeones del mercado y sus turiferarios, los periodistas del mismo rango, dicen siempre que en los países comunistas se reparte la pobreza. Sin embargo nosotros sabemos que la avidez del enriquecimiento injusto -no hay ya enriquecimiento justo-, es lo que entre nosotros es capaz de tirar de la economía y del empleo. Y eso amarga la vida de grandes partes de la sociedad mundial ya todos y al planeta nos está arrastrando al precipicio.
Esto es lo que miles de millones sin más voz que la de la calle pedimos, más bien exigimos, a los que gobiernan en el mundo: que cambien de mentalidad, y que a su vez fuercen a los dueños y mercaderes del dinero a cambiarla, empezando por la del grupo Bilderberg.
Si en la España los jacobinos hubiesen censurado y perseguido a los ladrones de la clase política; si los medios hubiesen hecho campañas resonantes en esa dirección; es decir, si los propios políticos depurasen a "sus" corruptos, hubieran reformado ya la Ley Electoral para no favorecer el bipartidismo, se hubieran recortado a sí mismos sus privilegios y planteado la posibilidad del referéndum monarquía-república, los Indignados, a pesar del paro escandaloso, hubieran tenido más paciencia y esperado los cambios que habrían de llegar. Sobre todo no rebasarían los límites que a veces en la historia los movimientos de las masas humilladas se ven precisadas a traspasar, hartas de los abusos y de los enriquecimientos a su costa…
No voy a proponer que nos convirtamos todos de repente al budismo (que no estaría mal), pero si esa porción de sociedad dueña del dinero y del poder, en lugar de atizarlo hasta la locura porque del crecimiento y del consumo hace el motor económico, propusiese para ellos mismos y para toda la sociedad alguna especie de Nirvana, y con el Nirvana la restricción (ya que no la supresión) del deseo (su núcleo filosófico y espiritual), quizá empezásemos a respirar tranquilos. Pero no muestran la más mínima intención de modificar los parámetros del "sistema", cuando cada día se hace más urgente rescatar las ideas llevadas a la práctica de los que otrora fueron utópicos de pensamiento universal, con Rousseau a la cabeza: el retorno a la Naturaleza y la integración con ella; amarla, en lugar de violarla; “que nadie sean tan rico que pueda comprar a otro, ni tan pobre que se vea en la necesidad de venderse”: Voltaire vuelve a recobrar la máxima actualidad..
Al fin y al cabo el "sistema" ya está herido de muerte. Lo único que pueden hacer sus explotadores es mantener la respiración asistida del sistema. Está hundido, pero se empeñan en sostenerlo aunque sea penosa y patéticamente. Porque, como dice Shakespeare, no basta con levantar al caído, luego hay que mantenerlo en pie. ¿Por cuánto tiempo? Así es que si le quitasen los entubamientos para dar paso al nacimiento de un nuevo "ser" pensante, económico y racional (marxista, o el "ser" que anuncian los gnósticos oscurantistas) situarían la vida de la humanidad a otros niveles. En definitiva, o saltamos todos por los aires, o el cambio a la fuerza tendrá que producirse. Tómenselo al pie de la letra los poderes y nos ayudarán a conseguir la regeneración del "sistema" desde su derogación. “Los dioses ayudan a los que aceptan y arrastran a los que resisten, decían los antiguos”. Acepten, hagan caso a los Indignados y a los dioses, y entre todos conseguiremos la honda transformación que el "sistema" al completo y sobre todo España necesitan.
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