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El descrédito del sistema: cambio de mentalidad


12 Junio 2011, Jaime Richart 

El "sistema" ha alcanzado tales niveles de deterioro y desprestigio que ya sólo los que viven bien o simplemente desahogados, tienen propiedades o asegurado el presente y el futuro pueden creer en él. Las inyecciones monetarias y los sinapismos que los gobiernos le ino­culan no sirven más que para sostener el statu quo de los ante­riores, enriquecer más y más a los gestores de los mercados, y re­trasar su derrumbamiento.

A pesar de ello ni los poderes fácticos ni los institucionales están dispuestos a una reconstrucción de la sociedad a partir del marxismo o del socialismo real o del comunismo. Bien. Pero los ra­zonables habrán de reconocer que lo que está pidiendo a gritos la sociedad ca­pitalista, y especialmente la española, es un cambio profundo de mentalidad, una mutación de la filosofía política, económica, jurídica y judicial, toda en una, en toda la sociedad. El "sistema" ya no puede sostenerse por más tiempo y funcionar "sólo" a base de pillaje, de in­justicia social, de robar energía a los pueblos y de esquilmar los re­cursos del planeta. Lo que no sé es cómo con­seguir ese cambio de mentalidad en poco tiempo. Pero en todo caso ahí está el movimiento de los Indignados que aún todavía confuso, basta para considerarlo como una sacudida a las conciencias para conseguir el cambio que España y el mundo necesitan; del mismo modo que el Mayo del 68 fue un potente revulsivo para otros as­pectos de la vida social. Con la diferencia que éste, el del 15M, es mucho más profundo.

En efecto. Mientras el proceso económico, la producción y el em­pleo dependan del consumo; es decir, mientras que a medida que au­menta el paro se reduzca el consumo y la producción -lo que ge­nera más paro y vuelta a empezar-, no saldremos de una espiral que im­pide ver la necesidad imperiosa de la austeridad y sus ventajas. Por­que no resulta difícil entender que es imposible creer ya en el pilar del capitalismo: el crecimiento económico indefinido e infinito, o el desa­rrollo sostenible que es insostenible; creer en que el "creci­miento" hacia "arriba", en lugar del reparto del volumen a lo ancho y hacia los lados que significa la justicia social distributiva, es el motor del sistema económico y social. El ansia de esa clase de "creci­miento" es lo que hay que extirpar de la filosofía del poder y cam­biarla por otra cosa.

Por eso, porque la austeridad es el principio rector de las socieda­des comunistas, los indecentes campeones del mercado y sus turife­rarios, los periodistas del mismo rango, dicen siempre que en los paí­ses co­munistas se reparte la pobreza. Sin embargo nosotros sa­be­mos que la avidez del enriquecimiento injusto -no hay ya enrique­ci­miento justo-, es lo que entre nosotros es capaz de tirar de la eco­no­mía y del empleo. Y eso amarga la vida de grandes partes de la so­ciedad mundial y  a todos y al planeta nos está arrastrando al pre­cipi­cio.

Esto es lo que miles de millones sin más voz que la de la calle pe­di­mos, más bien exigimos, a los que gobiernan en el mundo: que cam­bien de mentalidad, y que a su vez fuercen a los dueños y mer­caderes del dinero a cambiarla, empezando por la del grupo Bilder­berg.

Si en la España los jacobinos hubiesen censurado y perseguido a los ladrones de la clase política; si los medios hubiesen hecho cam­pañas resonantes en esa dirección; es decir, si los propios políticos depurasen a "sus" corruptos, hubieran reformado ya la Ley Electoral para no favorecer el bipartidismo, se hubieran recortado a sí mismos sus privilegios y planteado la posibilidad del referéndum monarquía-república, los Indignados, a pesar del paro escandaloso, hubieran te­nido más paciencia y esperado los cambios que habrían de llegar. Sobre todo no rebasarían los límites que a veces en la historia los movimientos de las masas humilladas se ven precisadas a traspa­sar, hartas de los abusos y de los enriquecimientos a su costa…

No voy a proponer que nos convirtamos todos de repente al bu­dismo (que no estaría mal), pero si esa porción de sociedad dueña del dinero y del poder, en lugar de atizarlo hasta la locura porque del cre­cimiento y del consumo hace el motor económico, propusiese para ellos mismos y para toda la sociedad alguna espe­cie de Nirvana, y con el Nirvana la restricción (ya que no la supre­sión) del deseo (su núcleo filosófico y espiritual), quizá empezáse­mos a respirar tranqui­los. Pero no muestran la más mínima intención de modificar los pará­metros del "sistema", cuando cada día se hace más urgente rescatar las ideas llevadas a la práctica de los que otrora fueron utópicos de pensamiento universal, con Rousseau a la cabeza: el retorno a la Naturaleza y la integración con ella; amarla, en lugar de violarla; “que nadie sean tan rico que pueda comprar a otro, ni tan pobre que se vea en la necesidad de venderse”: Voltaire vuelve a recobrar la máxima actualidad..

Al fin y al cabo el "sistema" ya está herido de muerte. Lo único que pueden hacer sus explotadores es mantener la respiración asistida del sistema. Está hundido, pero se empeñan en sostenerlo aunque sea penosa­ y patéticamente. Porque, como dice Shakespeare, no basta con levantar al caído, luego hay que mantenerlo en pie. ¿Por cuánto tiempo? Así es que si le quitasen los entubamientos para dar paso al nacimiento de un nuevo "ser" pensante, económico y racio­nal (marxista, o el "ser" que anuncian los gnósticos oscurantistas) situa­rían la vida de la humanidad a otros niveles. En definitiva, o saltamos todos por los aires, o el cambio a la fuerza tendrá que pro­ducirse. Tómenselo al pie de la letra los poderes y nos ayudarán a con­seguir la re­generación del "sistema" desde su derogación. “Los dioses ayu­dan a los que aceptan y arrastran a los que resisten, decían los anti­guos”. Acepten, hagan caso a los Indignados y a los dioses, y entre to­dos con­seguiremos la honda transformación que el "sistema" al com­pleto y sobre todo España necesitan.


Jaime Richart

es colaborador habitual de Rebelion.org y Kaosenlared.net

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