Propuestas o en su caso exigencias concretas. Eso es lo que necesita encontrar cuanto antes y con claridad el movimiento 15M y “Democracia Real Ya”. De otro modo fracasarán, fracasaremos.
El 15M tiene una composición homogénea de ciudadanos unidos por la indignación, pero una configuración heterogénea desde el punto de vista ideológico más allá de salir a la calle a aliviar su sentimiento de hartura. Porque cada uno de los que acuden a la concentración tiene una personal causa o motivo, independientemente de que se adhiera al motivo o causa de quien tiene al lado. Pero éste no es propiamente “el suyo". El enemigo común es claro: la clase política y los mercados. Entre ambos hacen víctima de sus errores, de su malicioso o de su pusilánime proceder, al pueblo. Y esto es lo que no están/estamos unidos: no están/estamos dispuestos a consentirlo más.
Por eso, a efectos prácticos, falta que Los Indignados se constituyan en un motor concreto de fines concretos y no genéricos de carácter ético. No basta que no quieran que haya corruptos, ni aprovechados, porque eso, dirán, lo quieren y lo queremos todos. Con esto pasa con el no a la guerra. Lo que diferencia a los que no queremos la guerra y los que sí la quieren o la consienten es que los que no queremos la guerra no enviamos tropas al teatro de operaciones.
Por lo tanto, si queremos extraer algo positivo de una manera inmediata y sin dilaciones han de formularse demandas inequívocas.
Por ejemplo, aquí va la mía…
El 15 M y quienes nos adherimos a su causa y declaramos que “Nos constituimos en conciencia pública de la sociedad que está pasando por una situación extrema; en la conciencia social que la clase política ha perdido, no tiene o la tiene corrompida”.
En consecuencia, puesto que fueron excepcionales las circunstancias que atravesaba el país hace 32 años, y dichas circunstancias pudieron justificar la aprobación de ambas instituciones; es decir el referéndum sobre la monarquía y la aprobación de urgencia de la constitución, en estos momentos, superadas aquellas circunstancias pero sustituidas por otras de semejante excepcionalidad aunque por otros motivos.
Pedimos, proponemos, exigimos al gobierno que proponga, y a la clase política que se involucre en:
1º La inmediata reforma de la Ley Electoral para que todos los votos valgan lo mismo.
2º La convocatoria inaplazable de un Referéndum que dirima la voluntad del pueblo entre Monarquía-República.
La República, en este país, daría un giro de 180 grados a la aceptación de los privilegios, que no es poco.
No nos salgamos de estas dos exigencias y no soltemos la presa. El resto de los objetivos o fines, a partir de estas dos demandas-exigencias, vendrán “por añadidura". A ambas los políticos no tendrán más remedio que responder.
Si no actúan así los integrantes del 15M, DRY, y sus asambleas, lo más probable es que todo quede en anécdota, en un episodio más, en un brindis al sol o -lo peor- que todo desemboque en el estado de excepción, sobre todo si, como parece, quienes vienen a gobernar sólo entienden de las soluciones fascistas.
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