No soy partidario de ese dicho popular, salvo para ciertos hechos relacionados con la historia recalcitrante o con la contumacia de verdades impuestas por el tiempo y no sancionados por la razón...…
Pero ya sabéis que, a diferencia de lo que leemos en los medios oficialistas, en publicaciones como ésta en la que habitualmente colaboro, no solemos andarnos por las ramas. Abandonamos las florituras a la imprescindible imaginación de los periodistas necesitados de autocensura; esto es, recursos para dulcificar, atenuar o adornar la crítica, para evitar la pancarta y el panfletismo, y en último término para emboscar mejor el ilícito penal.
Sin embargo, es justo reconocer que la indirecta y el circunloquio son en ciertas circunstancias estimables y hasta aconsejables para facilitar la convivencia. Si todos dijéramos abruptamente lo que pensamos cuando estamos en sociedad y no recurriéramos al disimulo, al tacto y a la hipocresía, las pendencias arreciarían y hasta las guerras civiles se adelantarían. Lo ideal, en principio, es la diplomacia, que no es sino el peldaño superior de la hipocresía y una dimensión cercana a lo que hoy día ha dado en llamarse hasta la náusea "políticamente correcto"...
Pero, como al principio dije, todo eso está reñido con la publicación en los medios alternativos y en la contrainformación, que no necesitan de sinapismos ni cautelas porque nada venden... salvo libertad cuya exaltación es gratuita. Aunque naturalmente quepan combinaciones entre el lenguaje panfletario y diplomático, directo y perifrástico.
Sin embargo, en las dosis debidas de todos esos componentes neutralizadores de la crítica directa, en este caso de la visita del papa a Madrid, debo decir y digo que la manifestación convocada por "Europa Laica", "Asociación de Ateos y Librepensadores" y "Redes Cristianas", para la víspera de la visita es una manifestación consentidora y pactada. Pero a la fuerza. Ello pese a haber dicho los portavoces de dichas asociaciones, muy diplomáticamente, eso sí, "que no es una manifestación antipapa sino una movilización pacífica y tolerante contra el modo en el que se ha organizado la visita y la Jornada Mundial de la Juventud (que tendrá lugar entre el 16 y el 21 de agosto), que debería haberse hecho de un modo más humilde".
Por el contrario, nosotros, quienes pensamos, razonamos y escribimos sin las ataduras a las que me he referido antes, diremos lo que ellos no pueden decir: la visita del papa a Madrid es un escándalo, una provocación, un abuso y una patética estupidez que va a poner al descubierto hasta qué punto la Iglesia de Roma y su jefe de filas son instituciones caducas cuya inminente desaparición pronostican los profetas o visionarios San Malaquías y Nostradamus. Visita que, al igual que lo usual respecto a los “americanos” por el mundo, merece esta pancarta: “Aquí te aborrecemos”. Estas visitas, en una III República no hubieran sucedido.
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