El día a día se ha convertido en un asalto de presagios y realidades teñidas de desesperación. Desde que estallase una crisis que difícilmente podemos evaluar certeramente, y menos controlar, no han parado de sucederse los dramas humanos que están arruinando la vida de millones de personas.
Como es de todos conocido, la crisis financiera arranca en Estados Unidos en 2008, cuando se produce el colapso de la burbuja inmobiliaria en 2006, que condujo a la llamada crisis de las hipotecas subprime, extendiéndose al sistema financiero estadounidense y después al internacional.
En Europa, este huracán está provocando devastadoras consecuencias en la zona euro, derivando en el rescate financiero, por parte de las instituciones europeas, de países como Grecia, Irlanda o Portugal, a cambio de drásticas medidas de ajuste y recorte sobre los derechos de los ciudadanos de todos los países integrantes de la eurozona en general, y de los estados rescatados, en particular.
En este proceso, es importante detenerse a analizar el determinante papel que ha tenido Grecia (primer país intervenido) en el desarrollo de una crisis financiera sin precedentes en Europa. El pasado octubre, el presidente de Francia, Sarkozy, expresó que la admisión de Grecia en el euro fue un "error", porque se presentó con cifras falsas y su economía "no estaba preparada", lo que ha terminado por lastrar a todos los países europeos con moneda única y que ahora pagan las "consecuencias".
El que Grecia presentase unas cifras falsas en su economía cuando se produjo su entrada en el euro en 2001, no es desconocido, como tampoco lo es, el hecho de que contase con buenos asesores para que esa realidad pasase desapercibida durante mucho tiempo para Europa.
En este sentido, según el diario 'The New York Times', en su edición digital del 13 de febrero de 2010, en 2001 el Banco de Inversión americano Goldman Sachs ayudó a Grecia a conseguir financiación por valor de miles de millones de dólares en los mercados sin que se registraran como deuda soberana, pues las transacciones se estructuraron como intercambios monetarios, en lugar de préstamos.
Con estos datos, merece indicarse, a su vez, quién preparó la entrada de Grecia en la unión monetaria europea, también en 2001, y en la introducción del euro como medio de pago en 2002: Lucas Papademos, entonces gobernador del banco central griego.
Llegados a este punto, y refrescando los últimos acontecimientos, se ha producido la dimisión del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, después de plantear un referéndum popular al plan de rescate acordado con la UE el día 27 de octubre de 2011 y que retiró sorpresivamente.
Y ahora, el primer ministro del gobierno de transición de Grecia es Lucas Papademos.
Siguiendo con la actualidad, y tras la dimisión de Berlusconi ante la grave situación financiera que atraviesa Italia, el candidato óptimo de las instituciones europeas para liderar otro gobierno de transición en ese país, es Mario Monti, consejero internacional del banco Goldman Sachs.
Ninguno de los dos ha sido elegido por el pueblo.
Para ultimar estas pinceladas, que no son las únicas en el enloquecido y surrealista panorama europeo, el Consejo Europeo, en junio pasado, designó a Mario Draghi como Presidente del Banco Central Europeo. Draghi fue directivo de Goldman Sachs.
Centrándonos en España, las graves consecuencias derivadas del anterior contexto europeo, y con ocasión de la crisis, se han traducido, para el conjunto de la población, en: minoración de salarios públicos y privados, congelación de las pensiones, aumento de la edad de jubilación, devaluación de las condiciones de trabajo, debilitamiento de los sindicatos y de la negociación colectiva, recorte de la sanidad, de la educación pública, incremento del paro hasta llegar a más de cuatro millones de personas, trescientas familias desahuciadas al día como resultado del impago de las hipotecas, suspensión del crédito por parte de los bancos a las PYMES, con la consiguiente quiebra de las mismas y a pesar de las ayudas públicas que esas entidades financieras han obtenido en esta reiterada crisis… entre otras muchas consecuencias dramáticas y lesivas para la ciudadanía.
En definitiva, un debilitamiento insoportable del Estado de Bienestar teñido de injusticia, pobreza, drama, sufrimiento y desesperación para el ser humano. Y la soberanía popular comienza a sustituirse por la soberanía de los mercados, ante la derrota de la política.
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