La higiene dental ha de instaurarse desde la infancia

Los expertos llevan ya muchos años intentando que los niños se laven los dientes desde el nacimiento de su primer diente de leche. Lógicamente, en ese momento es la madre o el padre quien debe pasar una gasita húmeda sobre su dentadura. Poco a poco, conforme puedan sostener el cepillo de dientes, deben empezar a ser ellos mismos quienes, al principio sin pasta y luego con un pellizco del tamaño de una lenteja, empiecen a cepillarse todos los días. Ahora bien ¿cumplimos esas recomendaciones? Pues ni lo hacíamos antes ni parece que se esté haciendo ahora, al menos no en España.

Lavarse los dientes es una rutina que se debe aprender desde que somos niños. Si lo hacemos, ya no supondrá para nosotros un problema sino que, de manera mecánica, nos lavaremos los dientes después de cada comida y antes de ir a dormir, sin pararnos siquiera a pensar por qué lo hacemos.

De vital importancia

Y el caso es que a pesar de lo necesario que es todo esto, muchos de nosotros no somos conscientes de los daños que puede ocasionar la falta de higiene en los dientes de niños, jóvenes y adultos hasta que ya es demasiado tarde.

Hemos hablado con varias clínicas dentales como Carrilet 100 y Clínica ZM y la mayoría de los profesionales expertos que trabajan en las mismas recomiendan lavarnos los dientes un mínimo de tres veces al día (después de las comidas más importantes y justo antes de ir a dormir) así como visitar al dentista para una revisión una vez al año, mejor si son dos.

Ahora bien, ¿cómo podemos conseguir que nuestros hijos se laven los dientes sin tener que ir detrás de ellos noche y día? Lógicamente la respuesta a esa pregunta es instaurando esa rutina desde la más tierna infancia, pero si ya es demasiado tarde para eso, tal vez deberíamos seguir la idea de los padres de Sam, quien ahora se lava los dientes a diario.

El pequeño, de 8 años de edad, recibió una interesante carta del Ratoncito Pérez alertándole del mal estado del diente que había perdido. El niño, asustado, se tomó muy enserio la advertencia del ficticio amigo y, desde entonces, se lava los dientes tres veces al día y todos los días.

La carta decía exactamente:

“Desde el despacho de Barry T. Tooth Fairy

Querido Señor Warren,

Esta carta es para informarle de que hemos recibido su diente y que ya ha sido debidamente procesado en nuestro sistema.

Habrá notado que ha habido un retraso en el pago por el diente. Señor Warren, tengo que informarle de que esto es debido a las condiciones en las que nos hemos encontrado dicho diente. Esperamos una cierta cantidad de desgaste en los dientes, sin embargo en este caso su diente ha tenido que ser enviado al comité para un análisis en profundidad.

Creemos que se debe a la falta de cuidado y atención por su parte. Hemos encontrado grandes cantidades de Fanta y residuos de chocolate y cereales que no han sido debidamente limpiados con la técnica de cepillado. Le recomendamos que revise su técnica de manera urgente.

Señor Warren, en esta ocasión aceptamos el diente, pero necesitamos que nos asegure que las condiciones del siguiente serán significativamente mejores o tendremos que retener el pago.

Saludos,

Barry T. Tooth Fairy”

Ingenioso y efectivo.