Dublín, una ciudad que me deja un bonito recuerdo

Dublín, una ciudad que me deja un bonito recuerdo

Dublín era una de las ciudades que tenía desde hace tiempo en mente o como objetivo de mi próximo viaje de vacaciones y, por supuesto, una vez realizado el viaje tengo que decir que no me defraudó, al contrario, esta increíble ciudad superó ampliamente mis expectativas. También tengo que decir que dos detalles me llamaron la atención, por un lado, a pesar del mes en que fui, octubre, no hacía tanto frío ni tan mal tiempo como cabría esperar, y por otro lado que es un país que goza y disfruta de la luz pues la gran mayoría de casas no tenía persianas en sus ventanas, algo que me hizo pensar en Rolltec y es que justo antes de irme de vacaciones ellos me instalaron unos toldos en casa que guardan el sol mucho más que lo que lo hacen las cortinas que me encontré en Dublín. Es por ello que nunca debemos de menospreciar lo que tenemos en nuestro país, dado que más allá de nuestras fronteras, las cuestiones son diferentes y no siempre mejores. 

Dublín, como todos sabemos, es la capital de la República de Irlanda y una de las ciudades elegidas por un gran número de estudiantes para hacer su Erasmus, completar sus estudios, practicar el inglés… por lo que es una de las ciudades más animadas de Europa, algo que se aprecia claramente por el alto porcentaje de gente joven y de diversas nacionalidades que te cruzas en sus calles, además de por el animado ambiente que se puede ver en los típicos pubs y restaurantes de la zona más carismática y animada de la ciudad, el Temple Bar, uno de los barrios más antiguos y concurridos de la ciudad, donde se puede escuchar música irlandesa en directo mientras se saborea una exquisita pinta de cerveza. Su nombre se debe a Sir William Temple, un político inglés que adquirió los terrenos en el año 1600.  

Pasear la ciudad a pie es una forma maravillosa de conocerla, y la calle más amplia y concurrida es O´Connell Street, donde se encuentra su oficina central de Correos, famosa e histórica por los acontecimientos vividos durante la proclamación de la independencia de Irlanda en 1916 y el Monumento a la Luz, un obelisco de acero inoxidable de 150 m. de altura que conmemora la llegada del nuevo milenio.

El Trinity College, es la universidad más antigua y prestigiosa de Irlanda, fundada en el año 1592, acoge en su antigua biblioteca más de 200.000 manuscritos, si bien la joya de la biblioteca es el Libro de Kells, un texto en latín de los cuatro evangelios escrito en el siglo IX e ilustrado por monjes escoceses que permanece allí desde el año 1661. 

Algo que llama la atención es que Dublín no tiene una catedral, sino dos, La Catedral de San Patricio y la Catedral de la Santísima Trinidad o Christ Church, siendo esta última la más antigua, por lo que comenzaremos por ella. Su construcción se inició hacia 1192, presentando una fachada de estilo victoriano y un interior gótico. Bajo la Catedral se sitúa una cripta del siglo XII que constituye la estructura más antigua de la ciudad, asimismo cabe destacar que una de sus campanas data del año 1038.  

La Catedral de San Patricio, es la mayor iglesia de Irlanda y fue construida a principios del siglo XIII en el lugar donde el patrón de Irlanda bautizó a los conversos en el año 450. En su interior destacan su pila bautismal conservada en perfectas condiciones desde la época medieval y su órgano, uno de los más impresionantes del país.

El Castillo de Dublín, se encuentra en pleno centro de la ciudad, actualmente solo se utiliza para recepciones oficiales. Fue lugar de asentamiento de los vikingos, fortaleza militar, residencia real, sede del Tribunal de Justicia Irlandés y sede de la Administración Inglesa en Irlanda.

Dublinia es una edificación neogótica construida en el año 1875 sobre la iglesia medieval de St. Michael y que actualmente alberga una exposición sobre el pasado histórico de la ciudad, centrada en dos ejes principales, el Dublín Vikingo y el Dublín medieval. 

La cocina típica irlandesa

La cocina típica irlandesa, al igual que todas está muy ligada a su entorno, por lo que en sus platos abunda la carne de cordero, ternera, y cerdo, así como el salmón ahumado, el marisco y sobre todo las patatas, por lo que no faltan los estofados como el Irish Stew, el Irish Beef y Guinness Stew, el Coddle, Bacon and cabbage, las sopas como la Seafood Chowder, el pastel de carne denominado Cottage Pie, el pastel de patata, Boxty y los exquisitos dulces como el Apple Pie o el Carrot Cake.