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El triángulo mágico de Jaén

Hacia el sur de la península, en tierra de olivos y cuna de grandes aceites, encontramos Jaén, parte de Andalucía y joya del renacimiento en lo que a arte se refiere. Esta provincia olivada en aras de otras como Sevilla, Cádiz o Málaga, tal vez no tenga playas o no cruce por ella el Guadalquivir, pero alberga en sus ciudades, lo que se conoce como el triángulo mágico del renacimiento.

Pero visitar una ciudad tan mágica como Jaen no se disfruta si no se realiza una visita guiada para descubrir cuál es la historia de sus emblemáticas calles, y los detalles que hacen Jaen un destino de referencia en la provincia de Andalucía. Para informarnos mejor, hemos hablado con los profesionales de  Visita Úbeda y Baeza, que como guías oficiales de turismo, nos recomiendan que visitemos estos puntos de la geografía española, donde se encuentra uno de los mejores conjuntos monumentales del país.

Úbeda, Baeza y Sabiote, son las tres localidades que componen los vértices de este particular triangulo, donde se constituye uno de los mejores conjuntos monumentales de España en el que se encuentran importantes muestras de la arquitectura y el arte renacentista. No en vano, Úbeda y Baeza, fueron declaradas ciudades Patrimonio Mundial en el año dos mil tres, gracias a esos tesoros que albergan entre sus calles. Separadas por unos kilómetros, estas pequeñas localidades del sur de la península, comparten una historia común que viene marcada por la dominación árabe y la Reconquista. Esos bellos conjuntos monumentales, legado del renacimiento, se acompañan de un paraje de excepción, formado por lugares como la Sierra de Cazorla, el Valle del Guadalquivir, la Sierra Mágina y los extensos campos de olivo que se extienden por toda la provincia.

Antes de que los árabes se asentarán allí a finales del siglo VIII, civilizaciones como la romana, dejaron allí su huella. Tras cinco siglos de ocupación árabe, la Reconquista, devolvió a la cristiandad su tierra. Durante el siglo XVI, en pleno apogeo y esplendor del Renacimiento, fueron construidos la mayor parte de los edificios ilustres que hoy se pueden visitar. Pero, como decíamos, no solo el Renacimiento dejo su huella en Úbeda, Baeza y Sabiote, vestigios de otras culturas como la musulmana y la judía, dejan atisbar hoy, entre sus estrechas y empedradas calles, el recuerdo de sus construcciones.

Entre calles y edificios, monumentos y cultura, la gastronomía con su producto estrella: el aceite de oliva que, forma parte de cualquiera de las recetas locales. Dentro de la variada oferta de platos típicos de la zona, cabe destacar los andrajos, la pipirrana y la morcilla en caldera. En cuanto a la repostería, los ochíos y los hornazos hacen las delicias de los más golosos.

Ya metidos en la historia de estas tierras, adentrémonos en su historia…

Úbeda

Es a través de su arquitectura como podemos contemplar la huella que la historia, va dejando en nuestras tierras. Esta ciudad, conocida como Ubbadat árabe, fue fundada en el siglo IX, cuando fueron levantadas sus murallas. La intensa actividad comercial y la artesanía propia, convirtieron a esta pequeña ciudad en una de las más importantes de Al- Ándalus.

Tras sufrir varios intentos frustrados de conquista por parte de los cristianos, fue tomada por Fernando III el Santo en el siglo XIII. A partir del siglo XV y XVI, las familias aristocráticas deciden establecerse en la ciudad, fiel reflejo de este hecho, es el abundante número de casas blasonadas y palacios que permanecen en pie desde entonces, convirtiendo a Úbeda en la ciudad renacentista por excelencia.

Desde la plaza Vázquez Molina que, destaca en medio del encalado caserío ubetenses, preside el lugar, la Sacra Capilla de El Salvador. Del tempo, sobresalen sus magníficas portadas de estilo plateresco, mientras su interior, alberga un retablo mayor de Alonso de Berruguete, separando la iglesia en dos espacios, una reja del maestro Bartolomé.

A su vera, el Palacio del Condestable Dávalos, actualmente, Parador de Turismo. Construcción del siglo XVI que fue reformada una centuria después y en la que residió el deán de la Sacra Capilla de El Salvador. Su distinguida y señorial fachada, esconde un hermoso patio con doble galería de arcos superpuestos.

Quien da nombre a la plaza, cuenta con su Palacio, del de Juan Vázquez de Molina, también conocido como Palacio de las Cadenas, actual sede del Ayuntamiento. Se trata de una perfecta representación de los palacios italianos renacentistas. Destaca el patio con sus arcos de medio punto, soportados por columnas de mármol y un artesonando de madera de los Archivos Municipales.

Frente su amplia lonja, en uno de los laterales, la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Para completar este entorno, el Palacio del Marqués de Mancera, edificio que perteneció a un virrey del Perú.

Úbeda cuenta en su haber con mucha más arquitectura renacentista a contemplar, pero si queremos avanzar, por Baeza hemos de continuar…

Baeza

Actualmente, su nombre evoca a su producción olivarera. Pero su abundante legado monumental, la que fuera y es, sede universitaria desde el siglo XVI, alberga hoy una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía.

A cuarenta y ocho kilómetros de la capital de provincia y limitando al este con Úbeda con quien comparte la capitalidad de la Comarca de la Loma, su centro neurálgico, es la Plaza de Santa María, establecida en la edad media y hasta el siglo XIX, sede de los poderes civil y religioso de la ciudad.  Actualmente podemos encontrar en esta tierra:

  • La Catedral de la Natividad de Nuestra Señora, edificada sobre la antigua mezquita, a su vez, construida sobre un templo visigodo.
  • Las Cancillerías Góticas o Casas Consistoriales Altas, sede del concejo de la ciudad entre el siglo XV y XIX.
  • La Fuente de Santa María, en el centro de la plza.
  • El Seminario de San Felipe Neri, con fachada de sillería, puerta de medio punto, frontón partido y vítores estudiantiles.

Al norte de este ya de por sí, impresionante conjunto, la sede de la antigua universidad Santísima Trinidad, importante Institución Eclesiástica de la Edad Moderna. De estilo manierista, consta de claustro, capilla y dependencias con portada propia.

De las primeras parroquias levantadas intramuros, desaparecieron la colegiata de Santa María, San Miguel y San Gil. Pero permanecen las Ruinas de la Parroquia de San Pedro, las Ruinas de la Parroquia de San Juan y la Iglesia de Santa Cruz.

No queda exenta de otros rincones con palacios y casonas de interés, como la Casa de Avilés, la Casa de los Galeote, la Casa de los Ávila, la Casa de los Fuentecilla, la Casa de los Canónigos, el Palacio de los Obispos o el Palacio de Rubín de Ceballos.

El trazado de la muralla sobre la que persisten todavía elementos de gran importancia, obedece a un diseño islámico del siglo XI, aunque las edificaciones que todavía se conservan, responden a reconstrucciones cristianas edificadas posteriormente.

Queda camino por recorrer en Baeza… pero aun, nos queda un breve paso por Sabiote.

Sabiote

Si bien de Úbeda y Baeza he oído hablar mil veces, Sabiote, al que acabo de conocer, no copa ninguno de mis recuerdos. Eso no quiere decir que, este municipio español carezca del encanto especial e íntimo del que se habla. Junto a las ya mencionadas Úbeda y Baeza, compone ese triangulo del renacimiento y, en ella, se concentran edificios blasonados, de porte renacentista que nada deben envidiar a sus hermanas mayores. Toda la villa, ofrece un estado de conservación excelente que invita a transportarse a otro ambiente, a otro lugar y a otra época. Sus casas, muy cuidadas y sus calles bien conservadas y adoquinadas, poseen un gran encanto, salpicada de casonas blasonadas, casas encaladas y edificios de gran hermosura y modestia, convierte esta pequeña localidad en un lugar ideal para pasear y soñar, con otros tiempos.

La historia de esta villa, empieza muy pero que muy temprano. Existen restos de la Edad de Bronce en un paraje conocido como La Cobatilla. En la Época Romana, perteneció a Julia Salaria, capital de la colonia Salaria que pertenecía a la provincia Tarraconense.

Durante la etapa musulmana, formó parte del Reino de Jaén, hasta que Fernando III “El Santo”” la rindió y concedió el Fuero de Cuenca, cuyo códice del siglo XIII, es conservado.

Alfonso X “El Sabio”, le otorgó el titulo de “Muy Leal Villa” y la cedió a la Orden de Calatrava, volviendo a la Corona con Sancho IV. En el siglo XVI, Don Francisco de los Cobos, la compro a Carlos V, alcanzando su máximo esplendor.

Pasear por sus empinadas calles, supone, encontrar en cada esquina un palacio luciendo sus dorados blasones. Rodear la grandeza de su castillo, contemplar desde sus miradores el paisaje salpicado de olivos y los montes a los que estos, jalonan, es un placer para los sentidos.

Entre sus monumentos y lugares de interés, hay que destacar el Castillo y la iglesia parroquial de San Pedro.

El Castillo de Sabiote empieza su historia en el siglo XIII, aunque se considera que, debido a su preeminencia defensiva, ocupando el centro de La Loma, debió ser encastillado por todas y cada una de las civilizaciones que han pasado por la comarca.

La Iglesia parroquial de San Pedro, se reedifico en el siglo XVI y cuenta con reminiscencias gótico isabelinas y proto platerescas.

Mucho más se podría decir de estos tres vértices que disponen el triangulo del renacimiento, pero sin duda, una imagen, vale más que mil palabras. Lo mejor no es que te lo cuenten, es visitarlo.

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