No eduques a gritos

No eduques a gritos

A veces me tengo que morder la lengua cuando hago ciertas comparaciones entre niños y perros porque sé que a mucha gente le podría sentar mal. Yo no lo entiendo, porque tengo perro, y una hija preciosa, y no veo malicia en mis comparaciones. Soy de las que piensa que los perros son niños toda su vida y, por ende, se les puede aplicar cierto aprendizaje que también es apto para los niños, la diferencia es que el cachorro humano acaba aprendiendo más, madurando y sobrepasando la inteligencia del perro, lógicamente.

Ahora imagino que muchos padre y madres, incluso algunos sin hijos, están sacando las uñas preparados para arañarme la cara o cualquier parte del cuerpo que puedan pillar a su alcance, y es normal porque puedo entender que para algunas personas, comparar un bebé con un perro sea como mínimo un insulto. Pero repito, no es mi caso. Yo no insulto, adoro a mi perro y amo a mi hija, no tiene nada que ver y quien quiera entender a lo que me refiero estoy segura de que lo hará sin problema.

Dicho esto, voy a lo que voy… ¿por qué nos empeñamos en educar a gritos tanto a animales como a hijos? A veces deberíamos preguntarnos si con esos gritos estamos tratando de educarles a ellos o solo de desahogarnos nosotros, y obviamente la respuesta correcta es la segunda opción, por mucho que nos pese.

Cuando gritamos a nuestra hija de tres años porque no quiere comer, o a nuestro perro porque se ha hecho pipí donde no debía, ¿de verdad creemos que nos están entendiendo? Lo único lo que comprenden en ese momento es que estás enfadado, pero no terminan de comprender por qué, y encima les estamos poniendo nervioso con nuestros gritos por lo que el bebé llorará con fuerza, asustado, y el perro se encogerá sobre sí mismo sin saber qué hacer o donde meterse.

Centro Veterinario Caanes, expertos en ejercicios terapéuticos para animales, aseguran que el estrés que inducimos en los animales con nuestros gritos lo único que les provoca es miedo e incomprensión. Al final puede que nos hagan caso, pero bajo la batuta del miedo y no de la educación.

No castigues

Nuevas investigaciones han demostrado que el castigo puede traer consecuencias negativas. Los educadores llevan años aconsejando educar desde el positivismo. Si tu hijo hace algo mal, explícale por qué lo ha hecho mal, y cuando lo haga bien reconóceselo, alábale la acción, para que entienda que si hace las cosas bien lo que recibe es mucho más gratificante que cuando las hace mal.

Con el perro ocurre algo similar, el refuerzo positivo provoca comportamientos relajados y un aprendizaje mucho mayor que el grito, el cual provoca estrés y comportamientos poco racionales en los canes.

Aunque se trate de nuestro primer impulso, debemos tener claro que gritar a nuestro perro un rato después de que haya hecho algo malo no sirve de nada puesto que él no entiende lo que está pasando y no tiene la capacidad de asociar nuestro enfado a su mal comportamiento. Por el contrario, con nuestra reprimenda tan solo conseguiremos asustarle y provocar que se vuelva más desconfiando y arisco. Además, regañarle tan solo tendrá el efecto deseado si lo haces justo en el momento en el que esté haciendo su ‘fechoría’. Pero aun así no debes alzar demasiado la voz ni perder los nervios, sino dirigirte a él con tono firme y hazle saber con un contundente ‘NO’, que lo que está haciendo está mal.

Además, debemos tener en cuenta que los animales, y de nuevo meto en el saco a los bebés, con muy empáticos. Por ejemplo, y hablo a los que son padres o madres, ¿no os ha pasado alguna vez que lleváis un buen rato intentando calmar los lloros de vuestro hijo y no lo conseguís pero en cuanto llega su abuela, su otro papá o mamá, o su tía y lo coge se calma en pocos minutos? Es porque nosotros ya estamos tan nerviosos que ellos lo notan, y les es imposible tranquilizarse. Con los perros ocurre lo mismo, si les gritas y te pones nervioso, ellos también se pondrán.

De hecho, un estudio de la Universidad de Linkoping en Suecia ha confirmado que los niveles de estrés de los perros coinciden siempre con el de sus dueños. Es decir, que los propietarios afectan a sus perros pero no al revés. Curioso ¿no? Y lo suficientemente interesante como para tenerlo en cuenta: si estás nervioso relájate, y educa mediante el refuerzo positivo, olvida el castigo y el grito. Es un consejo.