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Proteger los cultivos para proteger el medioambiente.

La preocupación por cuidar el planeta está cada vez más arraigada entre la población mundial. Eso también afecta al sector primario. Cada vez más agricultores se plantean como mantener la producción dañando lo menos posible al medio ambiente.

Existe una tendencia por ir sustituyendo los pesticidas y plaguicidas químicos por otros de origen natural. Los plaguicidas orgánicos.

Durante la segunda mitad del siglo XX se incorporaron masivamente a la agricultura productos químicos. Con ellos se logró un nivel de producción de alimentos nunca visto hasta la fecha; sin embargo, los efectos sobre la naturaleza han sido devastadores.

Según la F.A.O., la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cada año se vierte al medio ambiente 4,6 millones de toneladas de plaguicidas químicos.

Los países en vías de desarrollo, que representan el 25% de su uso, suman el 99% de las muertes derivadas de la contaminación química del agua procedente de la agricultura. Esto incluye flora, fauna salvaje, cultivos y seres humanos.

En algunos países de África y América Latina, el empleo de químicos en el campo es la principal fuente de contaminación, por delante de la industria y las ciudades.

No es que los plaguicidas químicos se viertan directamente a la atmósfera. Al echarlo en los cultivos se van filtrando por el subsuelo hasta llegar a las aguas subterráneas. Estas aguas contaminadas terminan desembocando en ríos y lagos, acabando con buena parte de la vida que se abastece de ellas.

Ante este panorama, muchos agricultores están buscando alternativas más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Una de ellas es el empleo de plaguicidas orgánicos.

Según los expertos de SAECO, una empresa distribuidora de productos agrícolas ecológicos, estos plaguicidas de origen natural son respetuosos con los ecosistemas, maximizan la calidad de los cultivos y con ellos se obtienen alimentos seguros y saludables. Conozcamos un poco más sobre estos productos.

¿Qué son los plaguicidas orgánicos?

El blog de divulgación científica y cultural, Concepto.de, define los plaguicidas orgánicos como aquellos que proceden de fuentes naturales, como otras plantas o minerales. Tienen un impacto menor en el entorno natural y no representan ningún peligro para la salud humana.

Entre los plaguicidas orgánicos más utilizados se encuentran los aceites esenciales, como el aceite de neem, el aceite de menta y el aceite de ajo, que tienen propiedades insecticidas y fungicidas. También se utilizan extractos vegetales, como la piretrina, que se obtiene de la flor del crisantemo y es efectiva contra numerosas plagas.

Otro ejemplo de plaguicida orgánico es el Bacillus thuringiensis, una bacteria que produce toxinas que son letales para algunos insectos, pero que no dañan a otros. Se están investigando nuevas sustancias orgánicas, como los péptidos antimicrobianos y las nanopartículas de plata, que pueden tener propiedades insecticidas y fungicidas sin dañar el medio ambiente.

Cómo funcionan.

Los plaguicidas orgánicos funcionan de diferentes maneras, dependiendo del tipo de sustancia que se utilice y del objetivo que se quiera conseguir. Estos son algunos de los mecanismos que emplean:

  1. Repelencia: Estos compuestos orgánicos contienen sustancias que repelen a las plagas y las mantienen alejadas de los cultivos. No matan a las plagas, pero pueden reducir su población y evitar daños en los campos. Por ejemplo, el aceite de neem es un repelente natural que se utiliza contra mosquitos, ácaros y pulgones.
  2. Inhibición del crecimiento: Actúan sobre el desarrollo de las plagas, impidiendo que alcancen la fase adulta y se reproduzcan. Estos plaguicidas no son tóxicos para las personas ni los animales, pero pueden afectar a otros insectos que no son plaga. Un ejemplo de ello es el regulador de crecimiento de insectos, que se utiliza contra la mosca blanca.
  3. Toxinas naturales: Son plaguicidas que contienen toxinas naturales que son tóxicas para las plagas pero inofensivas para otros organismos. Estas toxinas pueden ser producidas por plantas o microorganismos, y se utilizan en forma de extractos o fermentados. Por ejemplo, la bacteria Bacillus thuringiensis produce una toxina que se utiliza contra larvas de mosquitos, polillas y otros insectos.
  4. Interferencia en la comunicación: Son sustancias que interfieren sobre la comunicación de las plagas, interrumpiendo su capacidad para encontrar alimento o aparearse. Estos plaguicidas no matan a las plagas, pero pueden reducir su población y evitar daños en los cultivos. Por ejemplo, las feromonas sexuales se utilizan para confundir a los machos de ciertas especies de polillas y evitar que se reproduzcan.
  5. Refuerzo del sistema inmunológico: Ciertos plaguicidas orgánicos contienen sustancias que refuerzan el sistema inmunológico de los cultivos, haciéndolos más resistentes a las enfermedades y a las plagas. Estos plaguicidas no actúan directamente sobre las plagas, pero pueden reducen su impacto sobre los cultivos. Un ejemplo es el extracto de ajo, que se utiliza como fortificante natural de las plantas.

Cómo utilizarlos.

Aunque son productos de origen natural, se trata de aditivos que se colocan sobre los cultivos, por lo que hay que seguir una serie de indicaciones para que sean efectivos. Estos son algunos consejos de interés para su uso:

  • Identificar correctamente la plaga: Es importante saber qué tipo de plaga estamos tratando para seleccionar el plaguicida orgánico adecuado y evitar aplicar un producto innecesario.
  • Aplicar en las horas adecuadas: La mayoría de los plaguicidas orgánicos son fotosensibles, lo que significa que su efectividad puede verse afectada por la luz solar directa. Por lo tanto, es mejor aplicarlos de madrugada o a la tarde noche.
  • Leer las instrucciones cuidadosamente: Es importante seguir las instrucciones de aplicación y seguridad indicadas en la etiqueta del producto para evitar posibles riesgos para la salud y el medio ambiente.
  • Almacenar adecuadamente: Los plaguicidas orgánicos deben almacenarse en un lugar fresco y seco, lejos de la luz solar directa y fuera del alcance de los niños y las mascotas.
  • Combinar con otras prácticas de manejo integrado de plagas: Los plaguicidas orgánicos son una herramienta importante en el manejo integrado de plagas, pero no deben ser la única solución. Es importante combinar su uso con otras prácticas, como la rotación de cultivos, el uso de cultivos resistentes y la eliminación manual de las mismas.

Siguiendo estos consejos, podemos utilizar plaguicidas orgánicos de manera efectiva y segura, sin dañar el medio ambiente y garantizando la protección de nuestros cultivos.

Fomento del uso de plaguicidas orgánicos.

Muchos gobiernos están incentivando el uso de plaguicidas orgánicos a través de programas de subsidios o de formación para los agricultores. Por ejemplo, en España, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha lanzado un plan de acción para la agricultura ecológica que incluye ayudas para la conversión de cultivos convencionales en cultivos ecológicos y para la adquisición de productos ecológicos.

Algunas empresas especializadas en suministros agrarios han apostado por la distribución de bio-fungicidas y plaguicidas orgánicos, realizando una importante labor de asesoramiento y orientación a los agricultores, fomentando prácticas de agricultura sostenible.

Las asociaciones de agricultores son un medio estupendo para difundir estas alternativas. Ya que al mismo tiempo que se da formación a los agricultores sirven de foro para intercambiar experiencias. Es el caso de la Asociación para la Agricultura Ecológica de la Vega de Granada, que está relanzando la huerta en la zona desde un planteamiento más respetuoso con el medio ambiente.

Por otro lado, en algunas partes de Hispanoamérica, los agricultores llevan una ardua lucha por la soberanía alimentaria, en la que incluyen la difusión de prácticas de agricultura sostenible. Es el caso de Colombia, que siendo uno de los primeros productores del mundo de café y cacao, está obligada a importar de EEUU, trigo y maíz para dar de comer a su población. Las mismas multinacionales que les compran la producción, les entregan las semillas y los productos químicos para aumentar el rendimiento de la tierra, generando grandes daños en ciertas áreas de selva.

El uso de pesticidas orgánicos, abonos naturales y otras prácticas respetuosas con el medioambiente son una alternativa para cuidar los cultivos, manteniendo la producción y cuidando el planeta.

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