Dolor de pies.

Un calzado inadecuado daña los pies.

Si bien esta es una información que a un nivel u otro, todos conocemos, este es un tema en el que vale la pena detenernos. Te comentamos algunas enfermedades que podemos padecer en los pies y cómo incide en ellas el uso de zapatos inapropiados.

Para que un calzado sea saludable debe ajustarse bien al pie, pero sin oprimirlo. Al mismo tiempo debe ser cómodo, flexible y transpirable. Debe ofrecernos un espacio suficiente en la punta como para que podamos mover los dedos y ofrecer un buen soporte para el arco y el tobillo. Así como amortiguar el impacto de cada pisada.

Para caminar bien la revista Vanitatis señala que el calzado no debe alterar en lo sustancial el equilibrio ni la postura del cuerpo. Permitiendo que el pie efectúe sin problemas el movimiento biomecánico natural que realizamos al andar. Del mismo modo, debe mantener en todo momento los pies secos. Expulsando al exterior el exceso de humedad que se produce con el sudor y protegiendo en especial zonas delicadas como la planta del pie, el talón y el tobillo. Por esta razón, el material en el que está fabricado el calzado es fundamental. Siendo, el más apropiado de todos la piel. Ya que permite una ventilación natural del pie y con el tiempo acaba adaptándose a su forma.

La podóloga Doctora Ana María Oltra, directora de la Clínica del Pie de Alicante, una clínica de referencia en el tratamiento de enfermedades del pie, recalca lo importante que es el uso de un calzado cómodo y adecuado para mantener la salud de nuestros pies.

Eso lo vamos a ver en algunas de las dolencias más habituales que solemos padecer en los pies. Y como el calzado es un factor determinante en su aparición y desarrollo.

Los callos y los ojos de gallo.

Los callos y las durezas son una reacción natural de la piel frente a movimientos de fricción continua que pueden dañarla. La propia piel crea una capa de células muertas que protege la zona de la epidermis afectada.

En los ojos de gallo, la dureza genera una protuberancia que crece hacia el interior, como si fuera la punta de clavo y que si no se trata, puede tocar el hueso.

Los callos son incómodos porque ejercen presión sobre el pie, en especial cuando caminamos. Es como si se nos hubiera colado una china dentro del zapato, solo que esta piedra queda fija en una parte determinada del pie.

La almohadilla metatarsiana del pie, uno de los lugares donde de manera habitual suelen aparecer estos callos, surgen porque la suela es demasiado dura, y no amortigua el impacto de las pisadas, o porque el pie baila en el interior del zapato. Generando fricción cuando caminamos.

Algo parecido sucede con los callos en los talones. Donde se suele producir una presión y fricción repetida en la zona. Bien porque el zapato es demasiado estrecho o porque tiene un tacón excesivo que hace que el pie se deslice al dar el paso o mantenerlos de pie.

Los callos en los dedos de los pies aparecen principalmente porque el calzado los oprime. Estos se deben a que el zapato es demasiado pequeño o a que tiene la horma estrecha en la punta, aprisionando unos dedos contra otros.

Los juanetes.

Si bien en la aparición de los juanetes inciden factores genéticos y malformaciones congénitas como la artritis, la web Everyday Health indica que el uso de un calzado inadecuado tiene una responsabilidad decisiva en la aparición y desarrollo de esta dolencia.

El juanete es una protuberancia ósea que aparece en la base de la articulación del dedo gordo del pie. Esta malformación hace que el dedo gordo se desvíe hacia el interior y empuje al resto de los dedos.

Este es un trastorno bastante doloroso. Las personas que lo sufren viven un verdadero calvario cada vez que se calzan y caminan con los zapatos puestos. El simple roce del interior del zapato con la protuberancia les provoca un dolor agudo. Tanto es así, que para llevar cualquier zapato, aunque sea deportivo, necesitan deformarlo para crear un hueco en el lugar donde está el juanete. Para eso deben llevarlo al zapatero, y que pongan sus zapatos en la horma. Eso, o llevar sandalias abiertas que no toquen la zona dañada.

El uso de zapatos demasiado estrechos en la punta suele ser una causa habitual de aparición de juanetes. Por otro lado, llevar zapatos de tacón o demasiado ajustados, de esos que nos aprietan, inciden en que el juanete se haga más grande.

Una vez que el juanete aparece no lo podemos eliminar, a no ser que nos sometamos a una intervención quirúrgica. Lo que sí podemos hacer es usar zapatos anchos, plantillas acolchadas y algunos ejercicios de fisioterapia para reducir el dolor.

Fascitis plantar.

La fascitis plantar es una inflamación de la banda fibrosa que conecta el talón con la almohadilla metatarsiana. Esta dolencia no presenta síntomas visuales, pero sí un dolor intenso cada vez que la persona se pone de pie o camina.

El uso de calzado inadecuado es una de las causas más habituales en la aparición de esta dolencia. El uso de zapatos demasiado planos, con la suela delgada y que no se agarren bien al talón pueden generar esta inflamación.

Uno de los ejemplos más claros de lo que estamos hablando es el uso de chanclas en verano. Este calzado genera una tensión en la fascia plantar (la banda muscular de la que estamos hablando) que le obliga a realizar un sobreesfuerzo cada vez que caminamos. Al ser un calzado suelto, que no se sujeta al talón ni al tobillo, altera la marcha biomecánica natural del paso. A esto hay que añadir que el pie descansa sobre una superficie totalmente plana que no respecta el arco del pie.

La mayoría de los podólogos coinciden en señalar que las chanclas son unos de los calzados más dañinos que existen. Están pensadas para ayudarnos a salir de la piscina. Pero no para caminar con ellas o llevarlas puestas durante horas, como hace mucha gente en verano.

Malformaciones en los dedos.

Trastornos como los dedos de martillo, dedos de maza y dedos en garra son provocados por el uso de zapatos inadecuados.

Los dedos de los pies se presentan planos, pero en realidad poseen tres articulaciones internas que les proporcionan la flexibilidad necesaria para facilitar la biomecánica del pie y mantener el equilibrio durante la marcha.

En estos trastornos, una o varias articulaciones se vuelven rígidas. Alterando la forma del dedo. El cual se puede curvar más o menos, dependiendo de la malformación concreta que padezcamos.

Los zapatos puntiagudos o demasiado apretados comprimen de tal manera los dedos que les obliga a adoptar una posición forzada para acoplarse en el interior del calzado. Si usamos estos zapatos con frecuencia o durante periodos prolongados de tiempo, esa postura irregular de los dedos puede volverse crónica, apareciendo la malformación.

Por otro lado, los zapatos de tacón alto empujan el pie hacia abajo, de tal manera que acentúan la flexión de los dedos.

Mención especial requieren los zapatos de tacón aguja con la punta puntiaguda. Un bonito diseño, frecuente en el calzado de muchas mujeres, y donde los dos efectos: el de comprimir los dedos y el de empujar el pie hacia delante, se dan de manera intensa y combinada.

 Pie de atleta.

Esta enfermedad consiste en la aparición hongos, generalmente, entre los dedos de los pies debido a una mala ventilación y a una humedad excesiva dentro del calzado.

La causa principal radica en que el zapato no transpira bien y el sudor se acumula en el interior, favoreciendo el nacimiento y proliferación de hongos. Estos hongos provocan picor y resecamiento de la piel y pueden extenderse por debajo de las uñas o por parte de la planta del pie.

Se llama pie de atleta porque es frecuente entre las personas que practican deporte, si bien, realizar ejercicio físico, no es su causa principal.

Utilizar calzado de materiales no transpirables, como piel sintética, con suela de goma, puede provocar la aparición de hongos, aunque no practiquemos deporte.

Otra de las características de esta enfermedad es que se puede contagiar por compartir zapatos contaminados. Si usamos los zapatos de alguien que tiene hongos en los pies, aunque lleve tiempo sin utilizarlos, podemos infectarnos. Esta es una razón de peso para no compartir calzado, ni comprar zapatos de segunda mano. No sabemos a lo que nos arriesgamos. Si bien la ropa, cuando está limpia, podemos traspasarla de unas personas a otras, el calzado es un artículo personal, que nunca se debería compartir ni transferir.

Los hongos de los pies sobreviven en ambientes húmedos. Por esta razón, espacios públicos como las duchas y vestuarios de piscinas y gimnasios son lugares proclives a transmitir la enfermedad.

El calzado inadecuado también provoca otras dolencias como las uñas encarnadas y las uñas estriadas. Trastornos que no hemos abordado por problemas de espacio.

Como vemos, la elección del calzado que utilizamos es una decisión de capital importancia. Requiere nuestra atención más de la que le prestamos muchas veces.

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