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La vida son dos días, consejos para disfrutarlos

Seguro que has escuchado esa frase  de que “disfruta que la vida son dos días”. Pues sí, lleva toda la razón, por eso no entiendo a las personas que están siempre de mal humor o enfadadas. Y esto es algo que desde que pasó la pandemia ha ido en aumento. La vida son dos días y por eso hay que disfrutar de todo. Yo siempre me gusta brindar por la vida. Y así tenía que ser siempre.

Os lo digo porque sé de lo que hablo. Nosotros éramos una familia feliz hasta que a mi mujer le diagnosticaron un cáncer de mama. Lamentablemente cada vez son más mujeres las que tienen que pasar por todo. ¿Qué hizo? Pues mi mujer se encargó de tirar de todos nosotros y decidir que la vida son dos días. Por supuesto que lo de viajar o salir de fiesta está muy bien, pero hoy os quiero hablar de otra forma de disfruta de la vida. En este caso, aprendiendo a ser feliz. ¿Eso se puede? Pues claro que sí.

Nosotros empezamos a buscar, a probar, a escuchar. Y poco a poco fuimos encontrando caminos que hoy me gustaría compartir, no porque crea que son soluciones mágicas, sino porque a mí me ayudaron a vivir con más calma y más alegría. Cuando conocimos Vida Es, todo cambió. Se trata de lugar dedicado a tu bienestar físico, mental, emocional y espiritual, donde encontrarás la paz, la armonía y la felicidad que buscas. Os cuento un poco lo que aprendimos.

Reiki

El primero de esos caminos hacia la felicidad fue el Reiki. Lo conocí casi por casualidad, cuando una amiga me invitó a una sesión después de verme tan apagado que ni yo me reconocía. Recuerdo que me habló de algo así como una técnica japonesa que reequilibra la energía del cuerpo, creada por el doctor Usui hace más de un siglo. Al principio pensé: “esto no es para mí”. Pero fui igual, y agradezco haberlo hecho.

En aquella sesión descubrí una sensación que hacía tiempo no tenía: tranquilidad. El Reiki trabaja con la imposición de manos, permitiendo que la energía fluya y el cuerpo vuelva a su propio equilibrio… y aunque yo no entendía muy bien cómo funcionaba, sentí que algo dentro de mí se aflojaba. Me explicaron que cualquiera puede aprenderlo, que REI significa “Universo” y KI significa “energía”, y que al final se trata de eso: canalizar una energía universal para armonizarte o incluso ayudar a otros.

A reír

Más adelante conocí otra experiencia completamente distinta, pero igualmente liberadora: los talleres de risoterapia. Y es que no hay nada mejor en esta vida que reír, es gratis, pero mira que nos cuesta. Si el Reiki me permitió serenarme, la risoterapia me devolvió la ligereza. Fui por primera vez casi obligado, durante una celebración en la que alguien propuso contratar un taller “para echarnos unas risas”. Lo que no sabía es que esas risas serían mucho más que un simple entretenimiento.

Estas sesiones suelen durar alrededor de hora y media y están llenas de juegos, bailes, disfraces y dinámicas que te hacen soltar tensiones sin que te des cuenta. Es como volver a ser niño: te mueves, te ríes, te desinhibes, y al final terminas liberando una cantidad de estrés que ni sabías que llevabas encima. Yo, que soy más bien reservado, acabé riéndome hasta que me dolía la barriga. Y entendí que reír no es algo superficial: es una forma de sanar.

All Love

El tercer camino llegó después: All Love. Está claro que ya el nombre es toda una declaración de intenciones. Una experiencia mucho más introspectiva, que me ayudó a mirar hacia dentro de una manera que no había hecho antes. All Love trabaja con la apertura del corazón, con la conexión con lo que llaman la Energía del Corazón Divino. Suena muy elevado cuando lo lees, pero cuando lo vives entiendes que se trata, sobre todo, de permitirte sentir.

A través de meditaciones y técnicas suaves vas conectando con partes de ti que antes evitabas: miedos, heridas, recuerdos que preferías no tocar. Y lo que más me impactó fue la idea de abrazar todas esas partes, aceptarlas, darles amor. Algo tan simple y tan difícil al mismo tiempo. Durante mi sesión sentí que desbloqueaba emociones que llevaba años guardando y que, por primera vez, podía mirarlas sin miedo.

Y ya me despido, pero antes un dejo un mensaje, una frase que se escuché durante mis sesiones y que me encanta: Haz lo posible por estar bien, por ti y por quienes te quieren. Porque la vida es frágil, y por eso mismo es maravillosa. Por cierto, mi mujer está bien.

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