Taquillas en un instituto

¿Por qué poner taquillas en las escuelas?

Muchos colegios de educación primaría e institutos de secundaria tienen instaladas taquillas para los alumnos, otros se plantean colocarlas. Buena parte de la comunidad docente es partidaria de su presencia, mientras que en el personal de intendencia (bedeles, limpiadoras) las opiniones están divididas.

Las taquillas en los centros educativos forman parte de la cultura popular. Las hemos visto tantas veces en películas y  series de televisión, que para nosotros es un elemento normal. Pero no lo es. Su presencia es habitual en Estados Unidos, por eso aparece en las películas, pero en nuestro país aún está bastante limitada.

Ese pasillo largo en el High School repleto de taquillas metálicas, en el que la chica se detiene para guardar la carpeta y el chico se acerca para invitarla a salir es uno de los escenarios más recurrentes del cine y la televisión. En especial en los films dirigidos a adolescentes. En muchas películas de terror de los años 80, los jóvenes protagonistas corren despavoridos por él, huyendo del asesino psicópata. En series emblemáticas, como High School Musical, el pasillo de las taquillas es el escenario habitual de bailes y coreografías.

Aitor Fernández, profesor de inglés en primaria, opina que a partir de los 8 años es buena idea acostumbrar a los jóvenes a utilizar taquillas. Contribuye a hacerlos más responsables.

Juan García, conserje en un instituto de secundaria de Calvià (Mallorca) piensa que las taquillas suponen sobrecargar más al personal de mantenimiento e intendencia de los centros. Al final, van  a ser ellos, los conserjes, los que van a tener que encargarse de las taquillas. De custodiar las llaves por si alguna se pierde. De arreglar las averías y sustituir las cerraduras. De mantener el orden y la limpieza en la zona y prevenir los robos y los actos incívicos. Ya tienen bastante trabajo cuidando el centro y asistiendo a los profesores como para añadirles más.

Estos son riesgos que implica la presencia de taquillas en los centros escolares, pero visto en perspectiva, las ventajas son mayores que los inconvenientes. Estas son las razones por las que debería haber taquillas en todos los centros escolares:

Descargan al alumnado.

La asociación española de pediatría señala en el periódico El Comercio que un niño no debería llevar sobre sus hombros más del 10 o 15% de su peso. Los niños pequeños que pesan menos de 20 Kg solo deberían transportar 2 o 3 kg; y los niños un poco más mayores, unos 3 o 4 Kg. Los pediatras indican que tienen pacientes que son adolescentes de entre 12 y 18 años, que presentan dolores de espalda y que vienen provocadas por transportar peso en las mochilas, durante muchos años, para ir al colegio.

Muchos padres nos damos cuenta. A poco que preparemos la mochila del niño, ya pesa más de 5 kg. En ella lleva los libros, los cuadernos, la bata, el bocadillo y además le metemos un jersey por si coge frío. Notamos el peso cuando cogemos las mochilas en vilo, pero quien tiene que acarrear con ella todo el día es nuestro hijo.

La mochila de ruedas es una opción para descargar de peso al niño, pero la tendencia que tenemos es la de llenarla más todavía. Somos capaces de guardar en ellas juguetes para cuando el niño vaya al parque y así no tenemos que llevarlos nosotros.

Con las taquillas, el niño solo llevará de casa al colegio, y del colegio a casa, lo indispensable. Es decir, aquellos libros y/o cuadernos que necesita para hacer las tareas. El resto de libros de texto y material educativo puede quedar guardado en su taquilla personal. Por lo que no deberá llevar tanto peso sobre sus espaldas.

Algunos maestros potencian el trabajo en clase. Intentando que el alumno lleve la menor cantidad posible de tareas a casa. Con este planteamiento, casi todo el material educativo queda en la taquilla personal del alumno.

Lo hace más responsable.        

Las taquillas refuerzan el papel educativo de los colegios. Las escuelas no solo deben infundir conocimiento, también deben educar en una serie de principios y valores y aportar herramientas para que el niño crezca emocional e intelectualmente.

Algunos padres tenemos la impresión de que nuestros hijos están sobreprotegidos. Nosotros nos criamos jugando en la calle con nuestros amigos hasta la hora de cenar, mientras que los niños de hoy van una hora al parque con los padres delante. En cambio, tienen acceso a internet, a los videojuegos y a las Redes Sociales, desde bien pequeños y ahora nos preocupamos por ponerles límites. No directamente, sino de una manera centralizada. Que sea el gobierno el que imponga límites.

Como consecuencia de ello tenemos la sensación de que los chicos con 16 años son menos maduros y autónomos de lo que éramos nosotros a su edad. Que decir, cuando cumplen los 18 años. Es cierto que tienen dificultades para independizarse: el problema del acceso a la vivienda, la inestabilidad laboral, el paro juvenil; pero tampoco se aprecia que tengan mucha voluntad por hacerlo. Es como si la infancia se fuera prolongando con el tiempo.

De este panorama no tenemos que responsabilizar a las nuevas generaciones. Ni a la sociedad, ni a los tiempos actuales. De este retroceso tenemos mucha responsabilidad los padres y los educadores.

Un gesto tan sencillo como atribuir una taquilla personal a un alumno ya le da una responsabilidad individual que le aporta autonomía y contribuye a forjar su madurez. Algunos pedagogos opinan que a partir de los 8 o 10 años, un niño ya puede gestionar por sí solo las tareas escolares que le afectan personalmente. Las taquillas son un instrumento para fortalecer este camino.

Espacio ordenado. 

Los padres no conocemos lo que pasa en el colegio. Cuando acudimos al centro es para tener una reunión con el tutor de nuestro hijo; pero sí conservamos la memoria de cuando estudiábamos. Entonces nos parecía normal, pero el desbarajuste que hay en una clase sería intolerable en una oficina o en un taller.

En las clases, las mochilas están por el suelo. Tiradas y pegadas a las mesas. En ocasiones, para salir a la pizarra, el alumno tiene que ir sorteando obstáculos.

Recuerdo, cuando yo iba al instituto, que en todas las clases había una pared con perchas donde colgábamos los abrigos y dejábamos la mochila. Ese espacio era un recoveco de la pared. Una especie de armario empotrado sin puertas. Lo cierto es que aquel rincón era una leonera. Intentar buscar algo allí llevaba varios minutos. Los compañeros iban colgando las chaquetas y dejando sus cosas a medida que llegaban, tapando las propiedades de los que habían entrado antes. Si alguien se ponía a buscar algo, lo desordenaba todo, pero no lo volvía a ordenar.

El orden influye en el pensamiento y en el aprendizaje. Estudiar en un entorno desordenado hace que nuestra cabeza no esté concentrada.

Las taquillas facilitan el orden. Ya que todas esas pertenencias personales que el niño va arrastrando de un lado para otro, y que coloca de cualquier manera y en cualquier sitio, quedan guardadas en su taquilla personal. Convirtiendo las aulas en un lugar más seguro y con menos distracciones.

Fomenta la privacidad.

UNICEF aboga por la intimidad y la privacidad en la adolescencia, Esto atañe a los hogares y, por supuesto, a los centros educativos.

Los colegios e institutos son centros colectivos. Todo se da en colectividad. Esto no es malo, puesto que enseña a los niños a llevar una práctica social en grupo. El problema es que en todo este ambiente, el chico debe tener su espacio personal, propio, exclusivo. Lo individual no está en contradicción con lo colectivo. Son dos esferas de la vida. Dos aspectos que son importantes respetar y potenciar para el correcto desarrollo de las personas.

El hombre es un ser social, vivimos en colectividad. Pero no todo lo hacemos en grupo. Por ejemplo, nos gusta ir al baño, solos, buscamos nuestros momentos de intimidad con nuestras parejas y hay momentos del día o temporadas en las que no nos apetece estar en compañía porque nos ayuda a pensar, a procesar lo que estamos viviendo o a gestionar nuestras emociones.

La taquilla es el espacio personal del adolescente en el instituto. Su pequeño rincón particular. Que ordena y organiza como le da la gana, y al que solo tiene acceso quien él decida. Igual que los preadolescentes y adolescentes exigen tener una habitación en casa para ellos; y yo pienso que es una reivindicación justa, también deben tener su espacio personal en el lugar en el que estudian. Puesto que es el lugar donde pasan más tiempo a lo largo de la semana.

Cuando se habla de intimidad y privacidad en centros educativos nos referimos principalmente al uso de contenido audiovisual y a su difusión. Videos y fotos que se pueden sacar a los estudiantes y qué se hace con ellas. Pero otro aspecto de esa intimidad es que tengan un espacio físico propio donde estudian.

Aumenta seguridad.

El periódico El País nos explica que los robos en los centros educativos han descendido un 29% y que, en reglas generales, los colegios e institutos españoles son lugares seguros. La inseguridad en estos momentos se está dirigiendo más hacia el bullying y el ciberacoso.

La mayoría de los robos se producen durante el horario lectivo, y son pequeños hurtos qué se dan entre compañeros. Casi todos estos casos los resuelven los centros por medio de protocolos de convivencia. Tomando acciones que no trascienden a la opinión pública ni a las fuerzas de seguridad. Estas acciones pueden consistir en una amonestación al alumno que la ha realizado, en una reposición del daño y en una entrevista con los padres para comunicarle los hechos. Si el alumno es reincidente, se puede plantear su expulsión del centro.

Aunque los robos son pocos, esto no significa que no existan. Colocar taquillas en los colegios, los previene en gran medida. Las pertenencias personales de los alumnos están mejor protegidas si se guardan en una taquilla, que si van circulando por las clases con total accesibilidad para cualquiera.

En este caso no estamos hablando tanto de combatir un problema de seguridad, que por los datos que se manejan no parece preocupante. Pero sí de aportar un elemento que va a hacer que los alumnos y sus padres se sientan más seguros y que aumente su confianza en sí mismos y en el centro.

Quiero destacar que el orden de las razones que hemos expuesto no es arbitrario. Y que el hecho de que la seguridad aparezca en los últimos puestos no es por casualidad. No conviene alarmar a padres y alumnos con un problema que no es tal.

¿Dónde colocar las taquillas?

Una vez convencidos de instalar taquillas en el colegio, surge la pregunta de dónde colocarlas. Los fabricantes de Taquicel, una empresa de Zaragoza que lleva más de 30 años fabricando e instalando taquillas en centros educativos, cuentan que han colocado taquillas en aulas, pasillos, laboratorios, gimnasios, bibliotecas.

La opción de donde colocarla es variada. Todo depende de la utilidad o finalidad que se le quiera dar. En primaria, normalmente se suelen colocar dentro de las clases o en algún pasillo aledaño, mientras que en secundaria es más habitual encontrarlas en los pasillos que dan acceso a las clases.

Otro de los lugares donde es normal ver taquillas es en el vestuario de los gimnasios o de las instalaciones deportivas. En este caso, estas taquillas son temporales, no personales. Y se pueden cerrar, en todo caso, si el alumno lleva un candado consigo.

Uno de los problemas que suelen frenar a los centros a la hora de colocar las taquillas es el espacio. Desde luego, las taquillas no deben obstruir el paso. Pero la buena noticia es que muchos fabricantes diseñan e instalan taquillas a medida, por lo que este elemento se adapta al espacio disponible.

En el país quedan centros de primaria y secundaria por decidirse, pero con todo lo que hemos visto, podemos concluir que las taquillas forman parte del equipamiento básico de colegios e institutos.

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